"TRILOGÍA DE TEATRO BREVE",

DIVERSIDAD TEMÁTICA Y TRAMAS BIEN ESTRUCTURADAS

 

por

 

Manuel C. Díaz

(Especial/El Nuevo Herald)

      

 

     El teatro, al igual que la danza y la música, pertenece al ámbito de las artes escénicas. Es considerado también, lo mismo que la novela, el ensayo y la poesía, un género literario. Sin embargo, las obras de teatro, aunque cuentan una historia, no son textos narrativos. No tienen, como las novelas y los cuentos, largos segmentos descriptivos. Son escritas para ser representadas. Es por eso que los dramaturgos tratan de capturar en sus obras la manera en que las personas actúan frente a otras personas, sin preocuparse mucho porque sus textos teatrales satisfagan a través de las acotaciones la imaginación del lector. Sí, del lector. Porque todavía hay quienes leen teatro. No son muchos, pero los hay. Tampoco son muchos los autores que editan sus obras, como Maricel Mayor Marsán, de quien acabamos de recibir, Trilogía de teatro breve (Baquiana, 2012), publicada en ocasión de las jornadas de micro teatro en el Centro Cultural Español.  

 

     El libro consta de tres obras de un solo acto cada una, tituladas Abstinencias, Falso positivo y La Marcha. En la primera de ellas, cuatro personajes femeninos (una americana, una cubana, una colombiana y una española), a las que la autora solo identifica como “almas en pena”, deambulan en la zona de los Everglades de la Florida donde fueron asesinadas. Las acotaciones sobre la escenografía (un pantano simulado, un sonido de agua y un efecto brumal), el vestuario (los personajes visten una batas anchas y largas de color gris o negro), y el movimiento escénico (todas las Almas en Pena se levantan, se abrazan y comienzan a correr por el escenario, una detrás de la otra, en un semi círculo de cara a la audiencia, a manera de ritual repetido), aunque sencillas y breves, logran transmitir la sensación de irrealidad en la que se desarrolla la acción. Pero son los diálogos (a través de los cuales los personajes van contando sus historias) los que sustentan la progresión dramática de la obra, que cierra muy visualmente cuando las cuatro almas en pena ejecutan una danza final y quedan mirando al vacío, mientras la luz sobre el escenario disminuye hasta quedar a oscuras.  

 

     La segunda obra, Falso positivo, quizás la más lograda de las tres, se desarrolla en Nueva York. Los personajes son una madre hispana, obrera de una fábrica, criando sola a una hija que trabaja en una cafetería pero piensa ingresar en el ejército; y a un hijo que acaba de graduarse de High School y espera poder entrar a la universidad. El escenario es un pequeño apartamento pobremente amueblado; el vestuario es casual, a la usanza neoyorquina. En una obra breve como ésta no hay tiempo para redondear personajes ni suministrar detalles. Así, desde que se abre el telón, aparece el conflicto cuando la madre implora: “¡Dios mío! ¿Por qué me haces esto? Mis hijos todavía me necesitan. ¡Ojalá que todo sea una equivocación! ¡Que no sea verdad! ¡Dios mío, no me puedes hacer esto!”. Las escenas que siguen (los hijos descubren que la madre ha sido diagnosticada con cáncer de seno) son conmovedoras. Unos diálogos sumamente reales, aunque no exentos de cierto dramatismo, hacen avanzar la obra hacia un final inesperado.

 

     En la tercera obra, La Marcha, de fuerte contenido social y político, Maricel Mayor traslada la escena hacia el Este de Los Ángeles, donde seis trabajadores indocumentados de un almacén de distribución de productos alimenticios discuten sus problemas personales, así como su situación legal con Larry, el americano dueño del almacén. El fantasma de la temida migra se cierne sobre todos ellos. Afloran sentimientos encontrados: maldad e ingenuidad; egoísmo y solidaridad; miedo y valentía. La única solución a sus problemas parece ser una marcha a favor de la reforma migratoria. Al final, todos se unen a ella.

 

     En Trilogía de teatro breve hay diversidad temática, tramas bien estructuradas y escenarios simples que en caso de una representación facilitarían el movimiento escénico y agilizarían la progresión dramática de la obra. Y por último, unos diálogos ágiles y cadenciosos, cómodos para los actores y fáciles para los lectores. Sí, porque todavía hay quienes leen teatro; representación imaginaria le llaman. No son muchos los que lo hacen, pero los hay. Primero leen la obra y después asisten a su puesta en escena. O viceversa.

 


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